La forma y el contenido
Historia zen
Dos monjes budistas caminaban por una vereda. Ambos practicaban el celibato y esta condición les prohibía tocar a una mujer.
Llegando al cruce de un río se encontraron con que se estaba ahogando una mujer que había caído al río por accidente, inmediatamente y sin pensarlo, uno de los monjes se lanzó a rescatarla, la sacó del agua y la dejó en la orilla. Despidiéndose de la mujer agradecida por tal acción, ambos monjes siguieron su camino.
Había transcurrido una hora de camino cuando uno de ellos, el que no había intervenido en el rescate le dijo al otro: Oye, has tocado a una mujer, a lo que el monje que había efectuado el salvamento le contesto; si, tienes razón, la he tomado en mis brazos para salvarla de una muerte segura y la he dejado en la orilla, sin embargo tú todavía la llevas en la mente.
Moraleja: es más importante lo que llevamos por dentro; el contenido, y no lo exterior de nuestras acciones; la forma. Ambas cosas deben ir en armonía con nuestros principios fundamentales.
Parábola de “Un hombre de Tao (Do)
y un hombre Pequeño”.
Como se cuenta, un estudiante le preguntó una vez a su maestro: ¿Cual es la diferencia entre un hombre de Tao y un hombre pequeño? El maestro le contestó; Eso es fácil. Cuando un hombre pequeño recibe su primer dan, no puede esperar para partir a casa y gritar a todo pulmón para contarles a todos que es primer dan.
Cuando recibe su segundo dan, se sube a los techos, produce el mayor bullicio posible y le cuenta a la gente del logro obtenido.
Cuando recibe su tercer dan, salta dentro de su automóvil, da repetidas vueltas al pueblo tocando la bocina con gran estruendo, contándoles a todos que ha conseguido su tercer dan.”
En cambio, cuando un hombre de Tao recibe su primer dan, inclinará su cabeza agradecido. Al recibir su segundo dan, inclinará su cabeza y sus hombros. Al recibir su tercer dan, se inclinará hasta su cintura y se ira caminando calladamente a lo largo de alguna pared para que la gente no lo vea y no se den cuenta de él”.
GICHIN FUNAKOSHI era un hombre de Tao. Nunca se interesó en competencias, campeonatos, ni en romper marcas. Su principal interés estaba en la auto perfección individual. Creía en la decencia y el respeto que se debe un ser humano al otro. El fue el Maestro de Maestros.
GICHIN FUNAKOSHI Es famoso mundialmente como el padre del Karate Moderno. Nació en Shuri, Okinawa en 1868, estudió Karate-do desde su infancia, organizó las primeras exhibiciones públicas y, como presidente de la Asociación Okinawense para el Espíritu de las Artes Marciales, fue elegido para mostrar el Karate en la primera Exhibición Nacional Atlética, en Tokio 1922. Radicándose en Tokio, fue hasta su muerte a la edad de 88 años, presidente de la Shotokai, de la cual fue un fundador.